Un estudio vincula la inflamación y las bacterias intestinales con la diabetes tipo 1

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10 septiembre, 2017

Las personas con diabetes tipo 1 muestran cambios en su sistema digestivo que no se observan en las personas que no sufren de la enfermedad autoinmune, encuentra un nuevo estudio italiano.

Esos cambios incluyen unas bacterias intestinales distintas e inflamación en el intestino delgado. Las diferencias podrían tener un rol en el desarrollo de la diabetes tipo 1, señalaron los investigadores.

“Durante años, hemos buscado la causa de la diabetes tipo 1 en el páncreas. Quizá buscamos en el lugar incorrecto, y hay posibilidades de que los intestinos tengan un rol clave en el desarrollo de la enfermedad”, planteó el autor principal del estudio, el Dr. Piemonti Lorenzo, subdirector del Instituto de Investigación sobre la Diabetes San Raffaele, en Milán.

Pero Lorenzo dijo que no es posible “sacar conclusiones definitivas” sobre si esos cambios intestinales pueden provocar el ataque autoinmune que conduce a la diabetes tipo 1.

En la diabetes tipo 1, el sistema inmunitario del cuerpo ataca por error a células sanas en el cuerpo. Específicamente, la enfermedad provoca la destrucción de las células de los islotes, que producen la insulina. Eso deja al cuerpo incapaz de producir suficiente insulina, una hormona necesaria para que las células puedan usar los azúcares de los alimentos como combustible.

De cada mil adultos estadounidenses, entre uno y cinco tienen diabetes tipo 1, según la Sociedad Endocrina (Endocrine Society).

El nuevo estudio incluyó a 54 personas que recibieron endoscopias y biopsias de la parte inicial del intestino delgado. En una endoscopia, un tubo largo y flexible con una cámara se conduce por la garganta, mientras la persona está sedada, para que un médico pueda observar el tracto digestivo. El mismo tubo puede usarse para cortar un pequeño trozo del tejido gastrointestinal para una biopsia, según el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de EE. UU.

Los participantes del estudio fueron voluntarios en la investigación o ya iban a someterse al procedimiento para diagnosticar un problema digestivo. Los procedimientos endoscópicos se realizaron en el Hospital San Raffaele entre 2009 y 2015.

De los participantes del estudio, 19 tenían diabetes tipo 1. 16 participantes sanos del estudio sirvieron como grupo de control. Los últimos 19 tenían enfermedad celíaca, que también es una afección autoinmune. La enfermedad celíaca provoca daños en el intestino delgado cuando se consume gluten, una proteína del trigo.

Lorenzo dijo que hasta un 11 por ciento de las personas con diabetes tipo 1 también sufren de enfermedad celíaca.

“Las dos enfermedades comparten algunas cosas, pero no todas”, dijo Lorenzo. Añadió que en este estudio no se incluyó a nadie con ambas afecciones.

Al usar muestras de tejido de una endoscopia, los investigadores pudieron evaluar directamente los cambios en la inflamación intestinal y las bacterias digestivas. También pudieron obtener instantáneas de alta resolución de la capa más interna del tracto gastrointestinal.

Estudios anteriores han dependido de muestras de heces para evaluar las bacterias intestinales. Jessica Dunne, directora de investigación de la JDRF (antes conocida como la Juvenile Diabetes Research Foundation), dijo que la composición de las bacterias intestinales (el microbioma) cambia, dependiendo del lugar donde se observa el tracto digestivo.

“Como sugiere este trabajo, el intestino delgado podría ser más relevante para la diabetes tipo 1”, planteó Dunne.

El estudio encontró que las personas con diabetes tipo 1 tenían significativamente más inflamación en la membrana mucosa del intestino vinculada con 10 genes específicos que las que sufrían de enfermedad celíaca o las del grupo de control.

Las personas con diabetes tipo 1 también mostraron una combinación diferente y distintiva de bacterias intestinales.

“Encontramos grandes diferencias entre los grupos”, afirmó Lorenzo.

“Creemos que nuestros datos añaden otra importante pieza para desenredar la compleja patogénesis [los desencadenantes biológicos] de la diabetes tipo 1, y de forma más general, de las enfermedades autoinmunes”, planteó.

Si los hallazgos se confirman, esta información se podría usar para desarrollar un nuevo tratamiento en las personas con un riesgo alto de desarrollar diabetes tipo 1, dijo Lorenzo.

Dunne comentó que “el hecho de que pudieran mostrar estas diferencias en los intestinos es un hallazgo interesante. Da más credibilidad a la idea de que los procesos inflamatorios subyacen a la diabetes. Esto amerita más investigación”.

Añadió que la JDRF ha financiado algunos estudios similares, y si estos resultados se replican, podrían conducir a un “avance bastante significativo en la comprensión de estos procesos inflamatorios”.

El estudio se publicó el 9 de enero en la revista Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.

Fuente e Imagen: medlineplus.gov

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